
¿Y AHORA QUÉ?
Curiosamente el PP de Fraga, Aznar y otras reliquias franquistas obtiene la mayoría absoluta pese a tener menos votos ciudadanos que su rival neoliberal , el PSOE, en 2008.
Para esta fracción liberal o ”progresista” , como a ellos les gusta definirse últimamente, de la política “nacional”(PSOE) ha sido un auténtico desplome o castigo a sus políticas antisociales, a sus políticas de seguidismo total al bloque “FMI-Gobiernos Alemán-Francés”, a sus políticas de claudicación ante bancos y patronos, a sus políticas de no explicar claramente la situación al país y de aplicarlas por encima de todo y sin pararse a pensar que desde la izquierda, sin duda, eran aplicables otros tratamientos a la situación menos dolorosos para la gran mayoría de los ciudadanos. Justo castigo a quienes por su soberbia cargaron sobre los más débiles de la sociedad el peso de una crisis del sistema originada por los especuladores, que a su vez se han encontrado beneficiados políticamente con el triunfo del partido que más claramente (pero no el único) les representa y les sirve más incondicionalmente.
Pese a la importante subida de IU, vayan por delante mis felicitaciones, es una pena que de ese caudal de votos que han perdido los exsocialistas se hayan beneficiado , además del PP, otras fuerzas nacionalistas conservadoras (CIU), o “ lerrouxistas” al mejor postor (UPyD), mientras otras opciones de la izquierda anticapitalista, ecologista o republicana no hayan recogido ninguna confianza en forma de votos de un modo tangible.
Entramos en una etapa en la que la derecha aplicará con mano dura aquellas recetas y tratamientos medicamentosos o quirúgicos que sus primos iniciaron pero que no llegaron a consumar con el éxito que esperaban. Ellos están ahí para garantizar el éxito y la recuperación de las ventajas de los capitalistas de turno, quien se crea que están al servicio de la sociedad en su conjunto, anda perdido y saboreará con acritud su error.
En la democracia real, para la izquierda es tan importante el parlamento como la calle, la organización social de las reivindicaciones que una mayoría parlamentaria no va a tener en cuenta y va a gobernar contra ellas, por ello la movilización y la lucha por nuestros derechos no puede ser dejada solo en manos y en el buen hacer de esa parte importante de la izquierda que ha obtenido representación, pero que no deja de ser una minoría frente al poder del liberalismo neocon. Hoy más que nunca, la calle y la fábrica, los centros de trabajo, las organizaciones sindicales, los movimientos sociales diversos… tienen que estar en guardia y crecer en organización para que el burgués no nos vuelva a burlar, por mucho que amparado en una legalidad, más que discutible, lo va a intentar con mano suave o dura según le convenga, según nuestra resistencia a perder derechos y querer ser ciudadanos con plena soberanía.